Apolo
Dios del SolOlimpoMitología griega · Deidad olímpica · Luz, Artes y Profecía
Orígenes y Nacimiento
Apolo es hijo de Zeus, rey del Olimpo, y de la titánide Leto. Los celos de Hera, esposa de Zeus, condenan a Leto a vagar sin encontrar refugio para dar a luz, pues ninguna tierra se atreve a ofrecerle asilo por temor a las represalias divinas. Es finalmente en la isla flotante de Delos — tierra sin raíces y por tanto fuera de la jurisdicción de Hera — donde Leto da a luz a unos gemelos: Artemisa primero, luego Apolo, cuyo parto tardío duró nueve días y nueve noches.
Apenas nacido, Apolo reclama su lira, su arco y sus flechas de oro. Los dioses del Olimpo reconocen de inmediato en él una divinidad excepcional. Abandona Delos en un carro tirado por cisnes blancos y conquista rápidamente el corazón de las Musas, convirtiéndose en su líder — el Apolo Musageta — guía de las artes y las ciencias, cuyo patrocinio se extiende desde la música hasta la medicina.
El Oráculo de Delfos
Uno de los actos fundacionales de Apolo es su victoria sobre Pitón, la terrible serpiente guardiana de un oráculo antiguo situado al pie del monte Parnaso. Pitón, hijo de Gea, había perseguido a Leto durante su embarazo. Apolo, para vengar a su madre, se enfrentó al monstruo y lo mató con sus flechas de plata. En el lugar de esta victoria simbólica — triunfo de la luz sobre las tinieblas — fundó el célebre santuario de Delfos, que se convertiría en el oráculo más venerado de la Antigüedad.
La Pitia, sacerdotisa de Apolo, dictaba sus oráculos desde una cavidad subterránea por donde ascendían vapores embriagadores. Al entrar en trance, se convertía en el canal a través del cual el dios transmitía sus respuestas a los mortales — reyes, generales y simples ciudadanos — que acudían a consultar el futuro. Sus profecías, a menudo ambiguas y enigmáticas, marcaron el destino de naciones enteras. Apolo se purificó después del asesinato de Pitón en el valle de Tempe, y la vía sagrada entre Delfos y Tesalia llevó durante mucho tiempo su nombre.
Amores Trágicos y Exilios
A pesar de su belleza y poder, Apolo está maldito en el amor. La ninfa Dafne, hija del río Peneo, lo rechaza apasionadamente. Eros, travieso, había disparado a Apolo una flecha de oro para inflamarle de amor, y a Dafne una flecha de plomo para inspirarle repulsión. Acorralada, la ninfa rogó a su padre que la transformara, y fue convertida en laurel en el momento en que Apolo iba a atraparla. Desde entonces, Apolo adoptó las hojas de laurel como su emblema — la corona de laurel que portan los vencedores aún lo recuerda.
Su orgullo le cuesta también dos exilios del Olimpo. La primera vez, conspiró con Hera y Poseidón contra Zeus, y se vio condenado a construir las murallas de Troya como siervo del rey Laomedonte. La segunda vez, mató a los Cíclopes para vengar a su hijo Asclepio — dios de la Medicina — fulminado por Zeus por haber resucitado a los muertos. Estos episodios ilustran la dualidad de Apolo: dios de la luz, pero también portador de destrucción y cólera.
En Saint Seiya
Película — Los Guerreros del CieloEn la película Saint Seiya — Los Guerreros del Cielo (1987), Apolo aparece como un antagonista divino. Acompañado de su hermana Artemisa, desciende a la Tierra decidido a recuperar el poder sobre el mundo y eliminar a Atenea, a quien considera una usurpadora que traicionó su dignidad divina mezclándose con los mortales. Su poder luminoso es devastador, y los Caballeros de Bronce deben superar sus límites para enfrentarlo.
Este retrato bebe fielmente de las fuentes mitológicas: la arrogancia de Apolo, su sentimiento de superioridad divina y su vínculo inquebrantable con Artemisa son elementos extraídos de los textos antiguos. Kurumada proyecta en este dios de la luz la idea de que lo divino puede convertirse en opresión cuando se niega a reconocer la humanidad. La victoria de los Caballeros — simples mortales — contra un dios olímpico evoca los combates heroicos de las epopeyas griegas.
Atributos




Animales sagrados